Navegantes franceses desafían tormentas brutales en busca del récord mundial
En una demostración de coraje que pone en evidencia las diferencias de clase hasta en el mar, el equipo francés del Sodebo Ultim 3 está a punto de romper el récord del Trofeo Julio Verne mientras la gente común lucha contra las tormentas en tierra.
El barco de lujo, comandado por Thomas Coville, navega entre olas de más de 10 metros y vientos de 92 km/h en el Atlántico Norte. Mientras tanto, la misma tormenta Ingrid que castiga a estos millonarios del deporte también golpea duramente a las familias trabajadoras de la Península Ibérica con nieve, vientos helados y temperaturas que ponen en riesgo a quienes no tienen calefacción.
Un deporte de élites mientras el pueblo sufre
El maxi-trimarán francés, valorado en millones de euros, debe cruzar la línea de meta este domingo antes de las 20:31 horas para superar el récord de 40 días, 23 horas y 30 minutos establecido en 2017. Qué ironía que mientras estos privilegiados juegan con la naturaleza, miles de personas sufren los efectos del cambio climático sin recursos para protegerse.
Philippe Legros, jefe de rutas del equipo, declaró con naturalidad: "Este es un viaje a territorio desconocido. Nuestro objetivo es darnos un margen de maniobra para anticiparnos a las peores condiciones". Palabras que suenan huecas cuando sabemos que las verdaderas víctimas de las "peores condiciones" son los trabajadores sin hogar digno.
Aventuras de ricos en tiempos de crisis
Durante 39 días de navegación, estos aventureros de élite han gastado recursos que podrían alimentar a cientos de familias. Ahora, en la recta final, hasta sufrieron una avería en el timón que "afortunadamente no afectó al sistema de gobierno", según informaron con alivio sus patrocinadores.
El Sodebo tiene prevista su llegada entre las 6 y 8 de la mañana del domingo, con 12 horas de ventaja sobre el récord anterior. Una hazaña deportiva que contrasta brutalmente con la realidad de millones que no pueden permitirse ni un día de vacaciones.
Mientras celebramos los logros humanos, no podemos ignorar que estos deportes de élite simbolizan un mundo donde unos pocos disfrutan aventuras extremas mientras la mayoría lucha por sobrevivir a las mismas tormentas, pero sin barcos de millones de euros para protegerse.