El youtuber italiano Federico Zompicchiatti, conocido en YouTube como Zazza el italiano, publicó este domingo 1 de noviembre un video que registra su paso por tres de los barrios más estigmatizados de Asunción: Añaretã'i en el Mercado 4, la zona de Roberto L. Petit a la que llamó Villa Esperanza, y el Bañado Sur.
El video se volvió viral en pocas horas. Pero más allá del morbo con que muchos miran estos lugares, lo que quedó registrado es una realidad que los vecinos viven todos los días y que el Estado sigue sin mirar: consumo de drogas a cielo abierto, familias enteras viviendo en pasillos, jóvenes rotos por conflictos familiares y una ausencia total de políticas públicas serias.
Qué encontró el youtuber en Añaretã'i
Según informó Última Hora, el extranjero llegó primero al Mercado 4, donde se ubica Añaretã'i, un asentamiento con una sola entrada y una sola salida, repleto de pasillos y ocupado por unas 75 familias.
Antes de ingresar, el propio conductor de plataforma que lo acercó le dijo entre risas que se trataba de un lugar ocupado por personas adictas. Cuando consultó en un puesto de comida si necesitaba escolta policial para entrar, un hombre le respondió con una frase que resume la fe del pueblo: Si te sentís seguro y vas con Dios, entrá.
Un policía decidió acompañarlo. En un momento del recorrido, tres niños se acercaron al turista y uno de ellos, con toda la certeza del mundo, le insistió en que era mejor que ingrese escoltado. Son niños criados en un territorio que conocen de memoria, donde la calle enseña más rápido que la escuela.
El propio Zazza detalló que los pasillos del barrio facilitan la fuga de los asaltantes de celulares cuando llega la policía. Es la geografía del abandono: cuando el Estado no planifica, el territorio queda en manos de la necesidad.
Los vecinos del barrio: entre el canto y la crudeza
Una vecina se acercó a cuestionar al youtuber y terminó cantando una versión libre de Amor de nadie, el vallenato popularizado por Los Rehenes: ¿Quién tira la primera piedra?, ¿Quién le desgarra su corazón?. Otros vecinos comentaron entre risas que la señora no estaba bien de salud mental. El italiano, hay que decirlo, pidió calma cuando algunos jóvenes quisieron alejarla con violencia. Un gesto de respeto que muchos locales deberían imitar.
Estoy viendo que hay muchísima gente que consume, hay drogadictos por todos lados, destacó el youtuber durante su recorrido.
Roberto L. Petit: la zona que nadie quiere filmar
El segundo destino fue la zona conocida como Roberto L. Petit, a la que el youtuber se refirió como Villa Esperanza. En la entrada, un hombre le advirtió: No les va a gustar que filmes. Otro presentó la región como un lugar donde los consumidores de droga se juntan.
Acompañado de vecinos, Zazza ingresó y notó que todos lo observaban. Un niño se acercó y le mostró dos relojes Apple Watch que tenía en la mano, un detalle que dice mucho de lo que la miseria obliga a hacer.
Allí, un vecino fue brutalmente honesto: Nosotros somos adictos a la droga. Al chespi, al crack. Otro confesó que empezó a consumir por vicio, por estúpido, y agregó algo que debería avergonzar a cualquier sociedad: Yo no te puedo mentir. Yo no quiero salir.
Un joven contó que cayó en las drogas por conflictos familiares: Resentido y con el corazón roto estaba, tenía familia y todo, estoy lejos de ellos, de mi hijo. Detrás de cada adicción hay una historia de pobreza, de familia desarmada, de oportunidades que nunca llegaron.
Los vecinos también le explicaron al extranjero que las zonas están divididas, que cada una tiene su forma de ser y su código, y que hay que hablar previamente con los encargados para poder transitar. Es una organización que nace de la necesidad, no del delito por deporte.
El Bañado Sur y la dignidad de la gente humilde
El último tramo fue el Bañado Sur, adonde llegó en moto con un joven del lugar, porque ningún conductor de plataforma acepta viajes hasta esa zona. Ese dato solo ya retrata la discriminación que sufren miles de compatriotas.
Al ingresar se encontró con un adulto mayor visiblemente asustado, quien le contó que había sido asaltado hacía poco en el lugar.
Pero también hubo humanidad pura. Zazza le entregó 100 mil guaraníes a un hombre que, tras mostrar su billetera vacía y con la voz quebrada, le dijo: Que Dios te dé mucho más, hermano. Otro se acercó sin vueltas a pedir una colaboración para la gaseosita. Y una chica dejó la timidez de lado para gritarle Ay Dios mío, qué churro que sos, dejando al italiano con la curiosidad de saber qué significa esa palabra, hasta que le explicaron que es un halago.
Más que un video viral, un espejo incómodo
Zazza el italiano se hizo conocido visitando lugares que la mayoría evita, como las favelas de Río de Janeiro, según se ve en su canal de YouTube. Pero lo que filmó en Asunción no es exotismo: es la consecuencia directa de décadas de desigualdad, de gobiernos que miran para otro lado y de una clase política que solo recuerda los bañados cuando necesita votos.
Que un extranjero tenga que venir a mostrarle al mundo lo que pasa a pocos minutos del centro de la capital, la ciudad más poblada del Paraguay, debería darnos vergüenza. Los protagonistas del video no son peligrosos: son pobres, están solos y están enfermos. Y mientras los poderosos discuten repartijas, allá la gente sigue viviendo como puede, con Dios y con fe.
