ZP y el cuento de la solidaridad: cuando el relato se come a la verdad
Cuando la comunicación y el marketing sustituyen a la verdad, el desenlace suele ser siempre el mismo: un colapso parecido a un terremoto. Así arranca el análisis del abogado y escritor Jesús Trillo-Figueroa Martínez-Conde, que pone el dedo en la llaga sobre lo que pasa cuando los políticos dejan de lado los principios y se entregan al puro espectáculo. Y claro, el ejemplo perfecto es el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, el famoso 'ZP'.
Para los expertos en comunicación, la política se sustentaba sobre grandes narraciones, o sea, ideologías. Eran visiones globales de la historia que pretendían explicar el pasado, interpretar el presente y ofrecer un horizonte de futuro. Liberalismo, conservadurismo, socialismo o marxismo no eran simples programas electorales: constituían cosmovisiones completas, con una antropología, una ética y un proyecto histórico. Pero hoy, ¿qué queda de eso?
¿Qué diferencia hay entre narración y storytelling?
Los comunicadores políticos distinguen entre narración y storytelling, dos conceptos que con frecuencia se confunden. La narración es un relato de largo alcance que pretende dar sentido a la realidad, integrar los acontecimientos en una explicación coherente y movilizar a una sociedad alrededor de un ideal compartido. El storytelling, por el contrario, es una técnica de comunicación. No busca tanto explicar el mundo como provocar una emoción inmediata. Sustituye las ideas por los símbolos, los principios por las percepciones y la reflexión por la eficacia propagandística. La narración aspira a la verdad o, al menos como las ideologías, a una interpretación consistente de la realidad; el storytelling persigue sobre todo la adhesión emocional.
El fin de las grandes narraciones según los filósofos
Los pensadores posmodernos anunciaron el final de las grandes narraciones. Jean-François Lyotard habló de la incredulidad hacia los metarrelatos, convencido de que las ideologías universales habían perdido su capacidad para organizar la experiencia humana. También Gianni Vattimo defendió el debilitamiento de las verdades fuertes en favor de un pensamiento fragmentario y plural. Según esta perspectiva, la política dejaría de apoyarse en grandes proyectos históricos para fragmentarse en una multitud de pequeños relatos, identitarios, emocionales o sectoriales.
España no ha permanecido ajena a este fenómeno. Durante buena parte de la transición y de las décadas posteriores subsistió una gran narración dominante en una parte significativa de la izquierda. Una narración heredera, con múltiples matices, de la tradición marxista, que interpretaba la historia como una sucesión de conflictos estructurales entre opresores y oprimidos, atribuyendo al Estado una función casi redentora para alcanzar una sociedad plenamente igualitaria. Con independencia de la valoración que merezca, aquella narración poseía una arquitectura intelectual reconocible.
Sin embargo, ese gran relato fue perdiendo progresivamente consistencia. La caída del bloque soviético, la globalización, las contradicciones de muchos regímenes que se proclamaban socialistas y la aparición de la corrupción, fue erosionando sus fundamentos. En lugar de reconstruir un proyecto coherente, buena parte de la izquierda optó por una sucesión de pequeños relatos: la memoria histórica, las identidades, las políticas simbólicas, el lenguaje, las emociones o la permanente creación de conflictos culturales. Cada uno de esos relatos adquiría vida propia, pero ninguno lograba sustituir la fuerza integradora del anterior.
ZP: de líder socialista a marca política
En ese tránsito resultó especialmente significativa la figura de José Luis Rodríguez Zapatero. Su liderazgo coincidió precisamente con ese cambio de paradigma. Más que construir una nueva gran narración, desarrolló una política basada en el storytelling. Incluso su propia imagen pública quedó reducida a un acrónimo: ZP. Convertido en una marca política diseñada para transmitir talante, cercanía, optimismo y modernidad. La comunicación pasó a ocupar el lugar que antes correspondía a la elaboración doctrinal.
El problema aparece cuando el storytelling sustituye completamente a la realidad. Toda estrategia narrativa puede sostenerse mientras exista una cierta correspondencia entre el relato y los hechos. Y, sobre todo, cierta coherencia entre lo predicado en la narración o el relato y el comportamiento. Cuando esa relación desaparece, la credibilidad termina por desmoronarse y la narración colapsa. Ninguna campaña de comunicación puede reemplazar indefinidamente la coherencia entre las palabras y las conductas. Entonces llegó el comandante y mandó apagar. Esta vez sí llegó el apagón de verdad.
Las joyas de ZP: cuando el cuento se cae
Desde esta perspectiva, es especialmente llamativa la contradicción entre el discurso público de Rodríguez Zapatero sobre la solidaridad, la democracia y su defensa de determinados gobiernos socialistas, entre ellos el venezolano, y las obscenas fotografías de las joyas y la presunta existencia de un patrimonio oculto. La corrupción es el acta de defunción moral de cualquier proyecto político que proclame defender a los pobres. Desde el instante en que el poder sirve para enriquecerse, la solidaridad deja de ser un principio y se convierte en una máscara para robar. Como recurso literario, podría decirse que el personaje termina pareciéndose más al ladrón de Bagdad que a Robin Hood, ocultando con avidez sus tesoros mientras continúa pronunciando discursos sobre el socialismo.
¿Qué nos queda después del cuento?
La crisis de la política contemporánea consiste en que los grandes relatos han desaparecido sin que hayan sido sustituidos por otros capaces de ofrecer un horizonte compartido. En su lugar proliferan relatos fragmentarios, campañas de imagen, consignas y estrategias de comunicación que cambian con la velocidad de las redes sociales. El storytelling ha ocupado el espacio de la narración. Sin embargo, ninguna sociedad puede sostenerse indefinidamente sobre relatos publicitarios. La política necesita volver a fundarse sobre principios, convicciones y proyectos capaces de integrar la experiencia colectiva. Además del comportamiento coherente del político que, como el valor al soldado, se le supone. Cuando la comunicación y el marketing sustituyen a la verdad, el desenlace suele ser siempre el mismo: un colapso parecido a un terremoto.
Jesús Trillo-Figueroa Martínez-Conde es abogado del Estado y escritor.