¿Se hunde el gigante avícola argentino? Un plan de rescate que nos preocupa a todos
La noticia que nos llega desde el otro lado de la frontera no es para nada alentadora. Granja Tres Arroyos, la principal empresa avícola de Argentina, está al borde del abismo. Con una deuda que supera los 350 millones de dólares, la compañía que durante más de 50 años fue sinónimo de pollo en las mesas argentinas, ahora pide auxilio a los gritos. Y esto, amigos y amigas de Asunción, no es solo un problema de ellos. Porque cuando un gigante tambalea, los temblores se sienten en toda la región, y Paraguay, con su fuerte vínculo comercial y social, no es la excepción.
¿Cómo llegó a esta situación?
La historia de Granja Tres Arroyos es la de un sueño empresarial que se fue construyendo ladrillo a ladrillo, o mejor dicho, pollo a pollo. Bajo el control de la familia De Grazia, la empresa creció hasta controlar toda la cadena productiva: desde el alimento balanceado hasta el pollo que llega a la góndola. Pero ese crecimiento, que en su momento fue una fortaleza, se convirtió en una pesada losa. Los conflictos laborales que estallaron en los últimos meses fueron solo la punta del iceberg. Por debajo, una crisis financiera feroz: deudas con proveedores, bancos y el fisco. Un cóctel explosivo que ahora obliga a la empresa a poner todas las cartas sobre la mesa.
Un plan de rescate con sabor a sacrificio
La consultora Valo Columbus, del Banco de Valores, armó un plan integral para intentar salvar a la empresa. Pero no nos engañemos, esto no es un rescate sin costo. Es un plan que le pide un enorme esfuerzo a todos los que alguna vez confiaron en la marca. La empresa necesita urgentemente más de 115 millones de dólares para no caerse. Y para conseguirlos, está dispuesta a vender parte de su patrimonio, como una planta en Zárate o un tambo en Entre Ríos. Pero lo más grave, lo que realmente marca un antes y un después, es que por primera vez en su historia, la familia De Grazia está dispuesta a abrir la puerta a nuevos socios. Una decisión que huele a desesperación.
¿Qué pasa con los que le vendían? Un menú de opciones para cobrar (o perder)
Para los proveedores, la situación es un calvario. La empresa les ofrece cuatro opciones para cobrar lo que se les debe, pero ninguna es buena. La primera, una quita del 75% del capital. La segunda, una quita del 50%. La tercera, esperar siete años para cobrar todo. Y la cuarta, para los más estratégicos, una promesa con garantías. En otras palabras, la empresa les dice: “Elegí cómo querés perder plata, pero seguinos vendiendo porque si no, nos hundimos todos”. Un mensaje que, en cualquier parte del mundo, suena a abuso de poder.
Las garantías: hipotecas y futuras exportaciones como moneda de cambio
Para tratar de darle un poco de confianza al plan, la empresa ofrece hipotecas sobre sus propiedades y un fideicomiso con los derechos de cobro de futuras exportaciones. Exportaciones que, ojo, dependen de que mercados como China o la Unión Europea sigan abiertos. Es como prometer pagar la deuda de la casa con el sueldo del mes que viene, cuando todavía no sabés si vas a tener trabajo. Un juego peligroso que pone en riesgo a toda la cadena productiva.
¿Y nosotros, los paraguayos, qué tenemos que ver?
Mucho. Paraguay es un país que depende del comercio regional. Si una empresa de este tamaño quiebra en Argentina, los efectos se sienten en los precios, en la disponibilidad de productos y en la confianza de los inversores. Además, muchas empresas paraguayas tienen vínculos con proveedores argentinos. Una crisis de este calibre puede generar un efecto dominó que termine afectando a pequeños y medianos productores de nuestro país. Por eso, desde Hoy en Asunción, creemos que esta noticia merece toda nuestra atención. No es un problema ajeno. Es un problema que nos toca de cerca.
¿Hay esperanza?
El documento de Valo Columbus dice que la empresa todavía tiene margen para revertir la situación. Pero la pregunta del millón es: ¿estarán los bancos, los proveedores y los inversores dispuestos a acompañar este rescate? Porque, seamos sinceros, cuando una empresa pide un sacrificio tan grande a los que menos tienen, mientras los dueños buscan mantener el control, algo huele mal. En un país como el nuestro, donde las desigualdades son pan de cada día, esta historia nos resuena fuerte. Esperemos que la solidaridad y la justicia social, valores que tanto defendemos, también tengan un lugar en esta negociación. El futuro de una de las empresas más emblemáticas de la región está en juego. Y con él, el de muchos trabajadores y familias.
Preguntas frecuentes sobre la crisis de Granja Tres Arroyos
¿Cuánta deuda tiene Granja Tres Arroyos?
La empresa reconoce una deuda total que supera los 350 millones de dólares, distribuida entre bancos, proveedores y organismos fiscales.
¿Qué va a pasar con los empleados de la empresa?
El plan de rescate busca mantener la operación y evitar una quiebra, pero no se han dado garantías concretas sobre la estabilidad laboral de todos los trabajadores. Los conflictos laborales de los últimos meses son una señal de alerta.
¿Cómo afecta esto a los consumidores paraguayos?
Si la empresa quiebra o reduce su producción, podría haber un impacto en los precios de los productos avícolas en la región, incluyendo Paraguay, debido a la dependencia del mercado argentino y a los lazos comerciales existentes.
