Renfe le cierra la puerta a Iryo y la CNMC le obliga a abrir los talleres
La Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC) le ha dado un cachetazo a Renfe. Resulta que la empresa pública se negó a prestarle servicios de mantenimiento pesado a Iryo, su competidora directa en el negocio de la alta velocidad. Y el regulador, que no se anda con chiquitas, le dijo: 'che, esto no puede ser así'.
La historia arranca hace más de 18 meses, cuando Iryo empezó a negociar con Renfe Mantenimiento para que le diera una mano con el mantenimiento pesado de sus trenes. Pero cuando faltaban apenas dos semanas para que Iryo arrancara sus operaciones, Renfe les comunicó que no les iba a prestar el servicio. Sin justificación objetiva, según la CNMC. Sin seguir los procedimientos de coordinación ni priorización. Dejó a Iryo sin alternativas viables para mantener sus trenes a tiempo. Y eso, claro, ponía en riesgo la inmovilización de los trenes y, por ende, la oferta de servicios para los pasajeros.
La CNMC no se quedó de brazos cruzados. Le ordenó a Renfe que le facilite el acceso a Iryo al taller de La Sagra, en Toledo, para las operaciones de desmontaje y montaje de bogies. Eso sí, solo para los 19 trenes que estaban en negociación. Y no le exige que le preste el servicio en Valladolid, porque Iryo tiene otras opciones para eso.
Renfe, por su lado, salió a decir que está 'analizando en detalle' la decisión. Y que su capacidad industrial no es ilimitada ni está desocupada. La empresa pública defiende que la capacidad industrial condiciona el mantenimiento de la flota, la recuperación ante incidencias y la calidad del servicio. También subraya que la resolución descarta buena parte de las pretensiones de Iryo y que solo mantiene una obligación concreta en La Sagra: el uso temporal del bajabogies, en régimen de autoprestación y bajo ciertas condiciones.
¿Qué significa esto para la liberalización ferroviaria?
Este conflicto es un termómetro de cómo viene la mano con la apertura del sector ferroviario en España. La CNMC recuerda que la normativa obliga a los prestadores de servicios de mantenimiento pesado a ofrecerlos a todos los operadores de forma transparente y no discriminatoria. Y si hay solicitudes incompatibles, el prestador debe intentar acomodarlas, negociar y, solo si no hay caso, aplicar criterios de priorización objetivos.
La decisión de la CNMC llega después de que, en mayo, el regulador ya había tomado medidas provisionales para proteger el acceso de Iryo. Según Renfe, abrir sus talleres a los competidores podría costarle más de 60 millones de euros al año. La empresa pública sostiene que la ley solo le obliga a dar mantenimiento ligero y que los otros operadores pueden invertir en construir sus propios talleres o llevar sus trenes a Italia.
El taller de La Sagra, propiedad de Renfe, es una instalación clave para el mantenimiento de los trenes de alta velocidad. Por eso, su acceso se ha convertido en un punto de fricción entre el operador público y los privados. La ejecución de la resolución dependerá de la capacidad de Renfe de adaptar sus talleres y de la voluntad de ambas partes para llegar a un acuerdo que garantice el mantenimiento sin poner en riesgo la seguridad ni la continuidad del servicio.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la CNMC intervino en este conflicto?
Porque Iryo denunció que Renfe le negó el acceso a los talleres de mantenimiento pesado sin justificación objetiva, lo que viola la normativa de competencia y pone en riesgo la oferta de servicios para los pasajeros.
¿Qué implica la resolución para Renfe?
La CNMC le exige a Renfe que le facilite el acceso a Iryo al taller de La Sagra para operaciones específicas, pero no abre las puertas de forma general ni permanente. Renfe puede recurrir la decisión ante los tribunales.
¿Cómo afecta esto a los pasajeros?
Si Iryo no puede mantener sus trenes, corre el riesgo de inmovilizarlos, lo que reduciría la oferta de servicios de alta velocidad y, en última instancia, perjudicaría a los usuarios que buscan más opciones y precios más bajos.
La pelea por los talleres de Renfe es un capítulo más en la historia de la liberalización ferroviaria. Y por ahora, la CNMC le está dando la razón a la competencia. Habrá que ver si Renfe acata o lleva el asunto a los tribunales. Lo que está claro es que los pasajeros no tienen por qué pagar los platos rotos.