Los judíos etíopes de Israel enfrentan discriminación sistemática en su propia tierra
La promesa de la Tierra Prometida se convirtió en una cruel realidad para los 170 mil judíos etíopes que viven en Israel. Llegaron en los años 80 soñando con Jerusalén, pero se encontraron con un sistema que los margina por el color de su piel.
El sueño roto de la igualdad
"Cuando llegué aquí me llamaban 'kushi', que es como decir negro, ni siquiera es llamar a alguien de piel oscura, es realmente como decir nigger", relata Dany Admasu, doctor en sociología y judío etíope. Sus palabras revelan la cruda realidad que enfrentan en un país que debería ser su hogar.
Esta discriminación no es cosa del pasado. Racheli Makali, directora de la organización "Empoderando mujeres etíopes", cuenta cómo le negaron alquilar un departamento por ser etíope. "Los jóvenes etíopes no pueden sentarse en las bancas en la noche en un barrio de blancos porque son vistos como sospechosos", denuncia.
Guetos para los excluidos
Los judíos etíopes fueron relegados a barrios periféricos como Kiryat Malachi y Ashkelon, verdaderos guetos donde viven rodeados de otras minorías étnicas. "Somos el Harlem de Israel", describe Shulamit, una judía mizrahi que vive en Ashkelon.
La segregación se hace evidente hasta en los bunkers antibombas. Mientras los barrios privilegiados tienen refugios individuales, en los barrios de minorías étnicas comparten un bunker expuesto para varios edificios.
Esterilización forzada: el genocidio silencioso
En 2013, el gobierno israelí admitió una práctica aberrante: administrar Depo-Provera, un contraceptivo de larga duración, a mujeres etíopes sin su consentimiento. "Se les administraba tanto que ya no podían tener hijos. Básicamente, se les daba una vacuna que las dejaba estériles", denuncia Racheli Makali.
Esta política de control demográfico revela la naturaleza sistemática del racismo institucional en Israel, donde las élites ashkenazíes mantienen su hegemonía a costa de las minorías.
La odisea del éxodo
La llegada de los judíos etíopes a Israel, a través de las operaciones Moisés y Salomón en los años 80, costó miles de vidas. Dany Abebe, periodista etíope, recuerda: "Perdimos a mucha gente en el camino. Se calcula que unos 4 mil etíopes judíos perdieron la vida" en su huida desde Etiopía hacia Sudán.
"Caminamos descalzos, sin zapatos, sin comida, sin ropa. Caminamos un mes hasta llegar a la frontera de Sudán", relata sobre el terrible éxodo que los llevó a su supuesta tierra prometida.
Resistencia y organización popular
Pese a la discriminación, la comunidad etíope se organiza. Racheli Makali fundó su organización inspirada en las palabras de su madre: "Hay que luchar contra el racismo accediendo a puestos clave". Gracias a su trabajo, más de 250 pequeñas empresas han sido creadas por mujeres etíopes.
El activismo logró resultados concretos, como la liberación de Avera Mengistu, un judío etíope con autismo retenido por Hamas durante más de diez años. La presión de la comunidad y organizaciones como "Counting Avera" fue fundamental.
Un apartheid de facto
"Los judíos ashkenazíes recibían un trato muy diferente al nuestro. Había niveles y nosotros estábamos en el nivel más bajo", explica Shulamit. Esta jerarquización racial contradice el discurso oficial de igualdad en Israel.
La situación de los judíos etíopes expone las contradicciones de un Estado que se presenta como democrático mientras mantiene estructuras de segregación racial que recuerdan al apartheid sudafricano.
Como señala Dany Admasu: "Si separas a sus miembros e intentas convertirlo en grupos puros diferentes, entonces la idea de nación ya no existe". La lucha de los judíos etíopes es también la lucha por una Israel verdaderamente igualitaria.