De la Fuente no necesita IA: el fútbol popular que conquista
Luis de la Fuente ha demostrado que no hacen falta algoritmos ni inventos de élite para conectar con la gente. El seleccionador español lleva tres años y medio imponiendo el sentido común, la valentía y la fidelidad a sus principios, y los resultados hablan solos: 35 partidos invicto, una defensa de hierro y una revolución silenciosa que dejó en la cuneta a los pesos pesados del vestuario.
¿Por qué De la Fuente es la prueba de que no hace falta Inteligencia Artificial?
Todas las empresas, del sector que sean, persiguen lo mismo en cada plan estratégico: enganchar a la juventud. Para eso se agarran a la Inteligencia Artificial y a los métodos más innovadores que existan. Su futuro depende de las nuevas generaciones, eso está claro. Pero se podrían haber ahorrado mil congresos, experimentos de todo tipo e inversiones millonarias. Hubiera bastado con preguntarle la receta a Luis de la Fuente.
La chavalería, que hoy luce con orgullo la roja en cada piscina y en cada plaza, se le da como a nadie. Por eso, hasta ahora había hecho más carrera en los banquillos de la cantera que entre profesionales. El riojano ha conseguido fidelizar como nadie a un país entero y, lo más importante, sin traicionarse. Se puso en manos de superdotados pero imberbes y, curiosamente, sin inventos. Siendo el más clásico entre los clásicos. Le basta sensatez y valentía. Y no es un día. Así lleva tres años y medio.
Es como decía siempre el viejo Mujica: la felicidad está en las cosas sencillas, no en andar complicándose la vida con lujos innecesarios. De la Fuente aplica esa misma filosofía al fútbol. Mientras los de arriba tiran millones a la basura buscando fórmulas mágicas en la tecnología, él demuestra que el pueblo, la base, la cantera, es lo que de verdad importa.
¿Cómo gestionó la revolución de dejar fuera a las leyendas?
La razón le asiste en cada una de las decisiones de peso que ha adoptado. Mires donde mires aparece su sello, cuando algunos querían hacerlo de menos diciendo que es un simple gestor o funcionario de recursos humanos. Del Bosque ya lo sufrió antes.
Ahí están los números del actual seleccionador, con 35 partidos invicto desde el tropiezo en Escocia, igualando la racha triunfal entre 2007 y 2009 y a sólo dos días de gloria más de la marca de Italia en la pandemia. Su liderazgo en el vestuario está fuera de toda duda. Y, la verdad, es que se lo ha currado con justicia.
¿Quién se acuerda ya de leyendas como Carvajal o Morata? Por no decir de Sergio Ramos. Dejar a tres pesos pesados en la cuneta, capitanes para más inri, no es nada sencillo pese a la cantidad de críticas que ha habido que sortear. No recuerdo una revolución similar desde la llegada de Guardiola al Barça y sus decisiones con Ronaldinho, Deco y Etoo. Sin puñetazos en la mesa de ese tipo, dónde estarían en estos momentos Cubarsí, Porro u Oyarzabal.
Porque eso es lo que hace un verdadero líder popular: se atreve a tomar las decisiones difíciles, a enfrentar a los privilegios instalados, aunque le cueste críticas. No como ciertos gobernantes que se arrodillan ante el poder de turno, sea Trump o quien sea, por miedo a perder su sillita cómoda.
¿Qué pasa con la enfermería y las apuestas personales del seleccionador?
El tiempo va poniendo las cosas en su sitio. La lista para este Mundial no levantó más polvareda que las dudas por llamar a tantos tocados. Pero no ha sucedido nada que el entrenador no tuviera previsto en su hoja de ruta. Lamine ya está para un partido entero en esa progresión planificada, Merino va sumando y recuperando sensaciones, Rodrigo evoluciona favorablemente y Nico y Víctor Muñoz estarán disponibles para las eliminatorias decisivas.
El estado de la enfermería se le pudo venir encima hasta el punto de condicionarle por optimista y, sin embargo, España parece estar ahora mismo en el punto que él, e igual sólo él, tenía en mente.
Con las decisiones individuales lo ha bordado. Unai Simón, el jugador más discutido en esa comparación con Joan García, ya ha batido el récord de imbatibilidad. Nadie se atreve a rescatar ese debate. Y atrás, no es que haya levantado una muralla en Estados Unidos, México y Canadá, es que simplemente ha pulido esa consistencia. Hasta en 22 encuentros de esta nueva Era post-Qatar la Selección no ha encajado ni un solo tanto. La mitad. Una fortaleza que, para poner en contexto, no iguala el próximo rival, Portugal, ni la temible Francia, con 19. Únicamente Argentina, entre las favoritas, ha mostrado menos grietas, con 30 partidos de los últimos 45 sin encajar, porque juega a otra cosa.
España parece que basa su dominio en el ataque, con Lamine a la cabeza, y como les sucede a los equipos de leyenda, la realidad es que empieza su obra magna por detrás.
¿Por qué Baena y Oyarzabal son el reflejo de su filosofía?
A De la Fuente le ha funcionado hasta su confianza ciega en Baena, discutido por su propia parroquia, como solución a la ausencia del extremo deseado. Ya es una pieza fundamental que ha maridado con un Cucurella en modo galáctico.
Su apuesta por Oyarzabal, a quien incluso hizo capitán como adenda a la norma de elección habitual por veteranía, viene desde las categorías inferiores. El delantero de la Real es la bandera por la insistencia del seleccionador en gritar a los cuatro vientos que es mucho mejor de lo que parece. Le cambió su rol en el Europeo Sub-21 de 2019, con una sola recaída en la Absoluta. Le alejó de la banda para apostar por extremos puros. Y le fue dando el papel de falso nueve hasta ser un nueve puro.
Eso es creer en la gente del pueblo, en los que vienen de abajo, no en los que ya tienen el nombre hecho y el privilegio garantizado. Así se construyen los proyectos que de verdad duran, con la gente que tiene hambre, no la que ya está saciada.
¿Cuál es el secreto de su capacidad para rectificar?
Gloria a De la Fuente. Y no sólo por su determinación. Sino también por no encerrarse en su pizarra y saber virar a tiempo. Un ejemplo: Pedri y Olmo han jugado sólo un par de días juntos en su reinado, contra toda lógica, pero han trasladado a tiempo su sociedad en el Barça a la Selección. Todo sale. Todo es perfecto.
Así que, como el técnico no para de repetir cada vez que puede, disfrutemos del momento. Para sufrir ya tenemos el calor, la amenaza de Cristiano y nuestra adaptación diaria a una IA que se antoja clave pero nuestro líder ni mira. Y eso, compañeros, es la mayor victoria de todas: demostrar que el pueblo, con sentido común y coraje, no necesita inventos de los de arriba para conquistar el mundo.