China fabrica robots humanoides pero ¿quién los compra?
China tiene las fábricas, la cadena de suministro y el respaldo del Estado para producir robots humanoides a escala industrial. En 2025, los fabricantes chinos representaron alrededor del 85% de los humanoides enviados a nivel mundial, según datos de Barclays. Empresas como AGIBOT y Unitree despacharon cada una más de 5.000 unidades, mientras que sus competidoras estadounidenses Figure AI y Tesla apenas lograron unos pocos cientos. El problema no es la producción. El problema es quién los compra, para qué, y a qué precio.
Los números que impresionan y la realidad que muerde
Morgan Stanley estima que el mercado global de robots humanoides podría alcanzar los 5 billones de dólares. Los envíos globales en 2025 superaron las 13.000 unidades, y se espera que las ventas chinas se dupliquen este año hasta unas 28.000 unidades. Omdia proyecta que los envíos anuales podrían superar el millón de unidades para principios de 2030. Son cifras que lucen bien en los comunicados de prensa y en las presentaciones para inversores.
Pero la tensión entre esas proyecciones y la realidad de los pedidos actuales es evidente. Tal como reporta Associated Press, el propio gobierno chino publicó en 2024 una advertencia sobre el riesgo de burbuja en la industria, señalando el estado rezagado de la comercialización y las aplicaciones. Samm Sacks, investigadora de New America enfocada en tecnología china, lo dice sin rodeos:
Los casos de uso de estos robots siguen siendo muy limitados.
¿Para qué sirven realmente? Clasificar paquetes y hacer café a 99.000 dólares
Matrix Robotics, una startup de Shanghái con un modelo que cuesta 99.000 dólares, tiene pedidos de cadenas de café y hoteles. EngineAI, de Shenzhen, vende su versión básica a 26.600 dólares para usos como guardia de seguridad, guía de museo y entretenimiento con baile y boxeo. En China, gran parte de los más de 2.000 millones de yuanes en pedidos de 2025 provinieron de empresas estatales para plantas de energía, centros de datos o entretenimiento.
El problema estructural es claro: la mayoría de los robots humanoides actuales son más performativos que funcionales, incapaces de trabajar en entornos desordenados e impredecibles. Chibo Tang, de la firma de capital de riesgo Gobi Partners, señala el círculo vicioso:
Sin la demanda y sin esa escala del mercado, estas empresas no pueden realmente entrar en la producción masiva.
Precios que siguen siendo un lujo
Los precios de los robots humanoides chinos varían enormemente: algunos modelos básicos bajaron de los 6.000 dólares, mientras que los más avanzados alcanzan los 99.000. El precio promedio en 2025 era de unos 46.000 dólares, según Morgan Stanley, que estima que podría caer a unos 21.000 dólares para 2050 a medida que escale la producción. Usar más componentes fabricados localmente ya ayudó a que los robots chinos sean en promedio un 20% más baratos que los modelos extranjeros.
Aun así, el Mercator Institute for China Studies concluye que, aunque los humanoides chinos son más baratos que los fabricados en otras partes, siguen siendo demasiado caros para un despliegue masivo. Sacks añade otro obstáculo: la economía es difícil no solo por el precio, sino porque los robots son frágiles en operación y dependen de entornos altamente estructurados para funcionar. Queda un largo camino por recorrer para alcanzar un nivel de funcionalidad donde la gente se sienta cómoda teniéndolos en sus casas cuidando a mayores o niños.
La ventaja china: fábrica del mundo con respaldo estatal
Si Estados Unidos lidera en la inteligencia artificial de alto nivel, el llamado cerebro de los robots, China lidera en todo lo demás: capacidad de producción masiva, cadena de suministro de hardware y recopilación de datos para entrenar robots. El plan quinquenal chino 2026-2030 incluye a los robots humanoides entre sus fronteras tecnológicas objetivo, lo que garantiza apoyo estatal continuado. Unitree, una de las empresas líderes, reportó ingresos de 250 millones de dólares en 2025 con una rentabilidad de 41 millones, demostrando que al menos algunos fabricantes ya encuentran sostenibilidad financiera.
Mientras las potencias occidentales apuestan al control del software y la propiedad intelectual, China demuestra que la soberanía industrial se construye con fábricas, cadena de suministro y planificación estatal. La pregunta que queda flotando es si esta tecnología terminará sirviendo a la gente común o quedará como un juguete caro para unos pocos.