Frank Rubio hace historia: primer latino en la misión Artemis III
Frank Rubio ya tenía su nombre en los libros de la NASA. Ahora lo vuelve a grabar con letras más grandes: fue seleccionado para integrar la misión Artemis III, convirtiéndose en el primer astronauta latino asignado al programa que busca llevar nuevamente a humanos a la Luna.
Hijo de padres salvadoreños, este astronauta de 50 años es la prueba viviente de que la grandeza no nace en los palacios ni en las élites. Nació en Los Ángeles, California, pero se crió en La Unión, a unos 200 kilómetros de San Salvador, bajo el cuidado de su abuela materna mientras su madre estudiaba en Estados Unidos.
«Ella era profesora y caminábamos juntos a la escuela y ella fue la que me enseñó a leer», recordó Rubio durante una rueda de prensa en su visita a El Salvador en 2024.
Esa abuela, una maestra de pueblo, fue quien le sembró la semilla del conocimiento. No fueron las academias de élite ni las conexiones poderosas. Fue una mujer trabajadora, como tantas abuelas nuestras que sacan adelante a sus familias con lo que tienen. Esa es la verdadera educación popular, la que cambia destinos.
De las aulas salvadoreñas al espacio
Rubio estudió en el Liceo San Carlos de San Salvador, donde todavía lo recuerdan y lo citan como ejemplo. Cuando regresó a El Salvador después de su histórica misión, más de 200 jóvenes de la Universidad Gerardo Barrios en San Miguel lo escucharon de primera mano.
«Esfuércense para que cada día sea un triunfo, y entonces, 10 ó 20 años después, podrán mirar atrás y ver que habrán logrado grandes cosas. Es importante tener grandes metas, pero es más importante centrarse en lo que tienen delante y darlo todo», les dijo a los estudiantes.
Son palabras que suenan a lo Pepe Mujica: la grandeza está en el esfuerzo de cada día, no en las ambiciones vacías. Y Rubio sabe de lo que habla. Pasó 371 días consecutivos en el espacio, el vuelo individual más largo de un astronauta estadounidense.
La misión que rompió récords
Su primera misión arrancó en septiembre de 2022, a bordo de la nave rusa Soyuz MS-22 rumbo a la Estación Espacial Internacional. Estaba planeada para unos seis meses, pero una falla en la cápsula, una fuga de refrigerante, lo obligó a quedarse mucho más tiempo del previsto.
Rubio terminó pasando más de un año en órbita antes de regresar el 27 de septiembre de 2023. Durante ese tiempo participó en experimentos científicos y estudios sobre los efectos de las misiones prolongadas en el cuerpo humano, información valiosa para futuras expediciones de larga duración.
También se hizo conocido por extraviar el primer tomate cultivado en el espacio, una anécdota que lo hizo más humano y cercano para millones de personas.
Del Ejército a la NASA
Antes de ser astronauta, Rubio construyó una carrera en el Ejército de Estados Unidos. Se graduó de la Academia Militar en 1998 y luego obtuvo un doctorado en Medicina en la Universidad de Servicios Uniformados de las Ciencias de la Salud. Durante más de dos décadas fue piloto de helicópteros y médico militar.
Esa combinación de experiencia operativa y formación científica llamó la atención de la NASA, que lo seleccionó como astronauta en 2017.
Artemis III: un paso más cerca de la Luna
Ahora Rubio se prepara para su segundo viaje al espacio. El lanzamiento está previsto para finales de 2027. Formará parte de la tripulación de Artemis III junto a los astronautas estadounidenses Randy Bresnik y Andre Douglas, y el astronauta italiano Luca Parmitano, de la Agencia Espacial Europea.
Rubio será especialista de misión y tendrá un año para prepararse. Aunque la misión forma parte del programa que busca regresar a la Luna, la tripulación no pisará la superficie lunar esta vez. Permanecerán en la órbita terrestre baja, realizando pruebas y maniobras que la NASA considera esenciales para futuras misiones.
Entre las tareas más importantes estará el acoplamiento de la nave Orion, construida por la NASA, con módulos de aterrizaje lunar desarrollados por SpaceX y Blue Origin, las empresas de los multimillonarios Elon Musk y Jeff Bezos. Como siempre, mientras los pueblos pelean por servicios básicos, los ricos se reparten los contratos millonarios del espacio. El éxito de estas operaciones será clave para los próximos pasos del programa Artemis.
El objetivo principal del vuelo, según la agencia espacial, es «reducir riesgos» de cara a un descenso real en la Luna, que la NASA espera realizar en 2028.
El orgullo de una madre
En Conchagua, El Salvador, a miles de kilómetros del Centro Espacial Johnson en Houston, Texas, Mirna Márquez, madre de Rubio, estaba pegada a la pantalla cuando confirmaron los nombres de los tripulantes de Artemis III.
«Para mí fue una sorpresa. No sabía, pero contenta porque está cumpliendo sus metas», dijo Márquez. «Sí, claro, una madre siempre tiene un poquito de preocupación, pero ya con ese año que pasó en el espacio creo que me acostumbré un poco», agregó entre risas.
La madre de Rubio no descarta organizar un evento para que estudiantes puedan presenciar el lanzamiento, para que «los niños puedan tener esa oportunidad», tal y como ocurrió cuando Rubio partió hacia el espacio en septiembre de 2022.
Rubio ya había dejado entrever la posibilidad de un nuevo viaje. «No sé cuál fuera la próxima misión. La Estación va a seguir hasta el 2030, entonces probablemente va a ser a la Estación o hay chance que tal vez a la luna», dijo en entrevista durante su visita a El Salvador en abril de 2024.
Desde Asunción, miramos al cielo y sentimos que un pedazo de Latinoamérica va rumbo a las estrellas. Frank Rubio, el niño que aprendió a leer de la mano de su abuela en un pueblito salvadoreño, ahora es el primer astronauta latino asignado a una misión lunar. Que su historia nos recuerde que la verdadera grandeza nace desde abajo, desde el esfuerzo cotidiano y desde las raíces.