Flavio Bolsonaro pierde a su candidata a vice y se queda solo en la pelea contra Lula
Por Rosa Benítez
Mientras Lula da Silva juntaba a sus bases en San Pablo para oficializar su candidatura a la reelección, del otro lado del ring, el senador Flavio Bolsonaro vivió un fin de semana para el olvido. La fórmula que había armado para las elecciones del 4 de octubre se le desarmó en las manos. La senadora Tereza Cristina, exministra de Agricultura de su papá y figura clave del agronegocio, le dijo que no. Y no fue un simple portazo: fue un portazo con calculadora en mano.
El Partido Progressistas (PP), donde milita Cristina, consultó a sus sedes estaduales y la mayoría prefirió no subirse a un barco que todavía no levanta en las encuestas. Flavio, que había anunciado el viernes que ella aceptaba, tuvo que salir a bancar la derrota en público. “Soy brasileño, no me rindo nunca”, dijo, con la sonrisa forzada de quien sabe que el tiempo se le acaba.
¿Por qué se cayó la alianza?
Detrás de todo hay un cálculo político frío. El Centrão, ese bloque sin ideología fija que siempre se arrima al que manda, no quiere apostar a un candidato que no despega. Según la última encuesta de AtlasIntel, Lula le saca 49% a 43% en un balotaje. Y el PP, que en su momento fue aliado de Jair Bolsonaro, ahora prefiere esperar. Además, el escándalo Master, que salpica al presidente del PP, Ciro Nogueira, y al propio Flavio, enfrió aún más la relación.
El politólogo Mauricio Santoro, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, lo explica clarito: “La candidatura de Flavio no está creciendo. Al contrario, está perdiendo intención de voto. Esto generó una dificultad mayor que la que tuvo Jair Bolsonaro en 2018 para cerrar alianzas”.
El reloj corre y las promesas se caen
Las convenciones partidarias cierran el 5 de agosto y la justicia electoral recibe los registros hasta el 15. Flavio ahora negocia con el PL, con Podemos y con Republicanos, donde suena el nombre de Daniella Marques, ex presidenta de la Caixa Económica Federal. Pero nada está cerrado. Republicanos también evalúa quedarse al margen.
El hijo de Bolsonaro había prometido que su vice sería mujer, para seducir a las votantes que en 2022 acompañaron a Lula. A esta altura, esa promesa es otro síntoma de que no controla su propia campaña. Para colmo, el jueves cambió a sus dos jefes de marketing por Duda Lima, el publicista que manejó la reelección de su papá en 2022. Un volantazo que huele a desesperación.
Del perfil moderado al discurso duro
Flavio había arrancado como una versión “moderada” de su padre, sin agresividad, buscando el voto de centro. Pero el sábado, en Santa Catarina, se le cayó la careta: “Lula es un proyecto de dictador, y lo vamos a despedir en octubre”, lanzó. También prometió liberar a su papá y a los condenados del 8 de enero. Un retorno a la agenda más dura del bolsonarismo, potenciado por el respaldo de Trump y la visita de Milei al PL el 25 de julio, que abrió una crisis diplomática sin precedentes.
Mientras Lula formalizaba su candidatura con todo el apoyo de su coalición, Flavio llegó al día clave sin la certeza de quién estará a su lado en la boleta. El Centrão, fiel a su estilo, espera a ver quién gana para decidir de qué lado se pone. Y Flavio, por ahora, no convence ni a sus posibles aliados.
¿Qué significa esto para la región?
Para nosotros, los paraguayos, esta pelea no es lejana. La política brasileña siempre nos impacta, sobre todo en temas de comercio, energía y derechos sociales. Un gobierno de Lula significa más integración regional y políticas sociales. Un gobierno de Flavio Bolsonaro, más ajuste y alineamiento con la ultraderecha internacional. Por eso, desde Asunción, miramos con atención cómo se define esta pulseada.
Foto: La Nacion