Chile y Perú: 20 años después, la coprosperidad que América Latina necesita
Se cumplen dos décadas del Acuerdo de Libre Comercio entre Chile y Perú. Y más que un número en el calendario, esto es una lección para toda la región. Porque cuando los pueblos dejan de mirarse con recelo y empiezan a construir juntos, los resultados hablan solos. El intercambio comercial ya supera los 3.700 millones de dólares, y la inversión chilena acumulada en Perú llega a los 24.000 millones. Pero lo más importante no está en las cifras, sino en los lazos humanos que se tejieron.
¿Qué nos enseñan estos 20 años de integración?
La verdadera integración no se mide solo en tratados. Se mide en las familias que cruzan la frontera, en los ceviches que ya son parte del menú chileno, en los miles de peruanos que encontraron en Chile un lugar para crecer. La comunidad peruana en Chile es hoy una de las expresiones más visibles de esta realidad. Profesionales, emprendedores, trabajadores y empresarios han enriquecido la sociedad chilena. Y eso, mis amigos, es integración de verdad.
Pero ojo, que esto no es solo un cuento bonito. Es una estrategia que América Latina necesita replicar. Mientras Europa y Asia construyen cadenas regionales de valor, nosotros seguimos fragmentados. Y eso nos debilita frente a los grandes bloques económicos.
Del libre comercio a la coprosperidad: el tercer capítulo
Carlos Escaffi, fundador de Relaxiona Internacional, lo plantea claro: el primer capítulo fue superar las diferencias históricas. El segundo, la integración económica y social. El tercero debe ser la coprosperidad. Y ahí el cobre juega un rol clave. Chile y Perú concentran el 37% de la producción mundial de este mineral estratégico, esencial para la electromovilidad y las energías renovables.
La propuesta de una Zona Franca del Cobre Chile-Perú no es solo una idea de negocios. Es una oportunidad para dejar de exportar materia prima y empezar a generar valor, tecnología y desarrollo. Es pasar de ser meros productores a ser protagonistas de la industria minera del futuro. Y eso, en un mundo que necesita cobre para todo, es poder geoeconómico.
¿Y qué pinta Paraguay en todo esto?
Acá en Asunción, esta historia nos toca de cerca. Porque si Chile y Perú pueden avanzar hacia la coprosperidad, ¿por qué nosotros no? La Alianza del Pacífico y el Mercosur no tienen por qué ser caminos separados. Paraguay tiene recursos, tiene gente trabajadora y tiene una ubicación estratégica. Lo que falta es voluntad política para sentarse a hablar de integración de verdad, no de discursos vacíos.
La visita del presidente chileno José Antonio Kast a Lima para la investidura de Keiko Fujimori abre una ventana política. Pero ojo, que la coprosperidad no se construye solo con fotos de protocolo. Se necesita agenda concreta: seguridad, inversiones conjuntas, cadenas binacionales de valor. Y sobre todo, una mirada de largo plazo que trascienda los gobiernos de turno.
¿Por qué esto es importante para el pueblo paraguayo?
Porque la integración no es un lujo de élites. Es una herramienta para generar empleo, para que nuestros jóvenes tengan oportunidades, para que el campo y la ciudad se desarrollen juntos. Cuando Chile y Perú se integran, toda la región gana. Y Paraguay no puede quedarse mirando desde la vereda. Tiene que ser parte de esta historia.
Como dice Escaffi: el libre comercio fue el instrumento, la integración fue el camino y la coprosperidad debe ser el destino. Acá en Paraguay, tenemos que exigirle a nuestros líderes que se suban a ese tren. Porque el futuro no espera a los que se quedan parados.
Así las cosas, que estos 20 años nos sirvan de espejo. Y que el próximo capítulo lo escribamos juntos, como hermanos latinoamericanos que somos.