Bélgica arde: más de 100 detenidos en protestas contra el ajuste del Gobierno
La furia popular volvió a tomar las calles de Bruselas este viernes 9 de octubre de 2026. La Policía belga detuvo a más de un centenar de personas en el marco de las protestas convocadas por los principales sindicatos del país contra las políticas de ajuste del Gobierno nacional. Una jornada que dejó en evidencia el malestar social que crece en Europa.
Las cifras de participación son un reflejo de ese descontento. Mientras las autoridades locales hablan de 30.000 personas en la marcha principal, que partió de la estación Central rumbo a la del Midi, el sindicato socialista FGTB asegura que fueron 50.000. Como siempre, la verdad oficial y la popular no se ponen de acuerdo.
Violencia en los márgenes de la protesta
La marcha en sí transcurrió sin grandes altercados, pero la cosa se puso fea antes y después del recorrido. En los alrededores de la estación Central y otras zonas céntricas, grupos de jóvenes vestidos de negro y con el rostro cubierto se enfrentaron a la Policía. Según el parte oficial, los agentes recibieron adoquines, ladrillos, botellas de vidrio y hasta artefactos pirotécnicos.
El saldo material también fue importante: mobiliario urbano destrozado, un vehículo policial dañado, bicicletas y patinetes de alquiler incendiados, contenedores de basura quemados y cuatro autobuses de la red de transporte regional STIB vandalizados. Ojo al dato: el personal de esa empresa también estaba en huelga. El pueblo golpeando donde más duele al sistema.
La cuarta protesta del año y el ajuste que no para
Esta fue la cuarta manifestación nacional de 2026. Y no es casualidad. El Gobierno del primer ministro Bart De Wever busca unos 10.000 millones de euros adicionales para las cuentas federales, y las medidas se negocian a puerta cerrada en un famoso “cónclave presupuestario”. Mientras los poderosos deciden en secreto, el pueblo paga los platos rotos.
La represión no se hizo esperar. Hubo una treintena de arrestos judiciales, o sea, detenciones formales con investigación por delitos concretos, y 80 detenciones administrativas, esas que usan para contener disturbios y que duran hasta 12 horas. El ministro del Interior, Bernard Quintin, salió a amenazar por redes sociales: “El estado no se dejará impresionar”. Palabras que huelen a autoritarismo.
Docentes y estudiantes se suman a la ola
La pelea no es solo de los trabajadores. Docentes y alumnos también están en las calles contra los recortes educativos de la Federación Valonia-Bruselas, gobernada por el liberal MR y los conservadores de Les Engagés. Una alianza que prioriza el ajuste antes que la educación pública.
Las movilizaciones estudiantiles siguen el ejemplo de Francia, aunque a menor escala. Pero en Bélgica ya llevan meses de protestas puntuales en las ciudades francófonas, que se intensificaron la semana pasada en Lieja. Allí hubo cierres de centros educativos y, desde el 1 de octubre, ya van 194 detenciones. La juventud no se queda callada.
¿Qué significa esto para América Latina?
Lo que pasa en Bélgica no es un caso aislado. Es la misma receta de siempre: ajuste, recortes y represión. La misma que aplican las élites en todo el mundo, incluida nuestra región. Por eso miramos con atención lo que ocurre en Europa, porque las políticas que se prueban allá suelen llegar acá con años de retraso.
La resistencia belga es un ejemplo de que la lucha social sigue viva. Y acá, en Paraguay, tenemos que aprender de esas lecciones. La historia nos enseña que cuando el pueblo se organiza, puede frenar los abusos del poder.
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