Trabajo doméstico: solo el 2.5% tiene seguridad social
El 16 de junio se conmemora el día internacional del trabajo doméstico. En México, apenas 57 mil de las 2.3 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico remunerado cuentan con seguro social, pese a que la afiliación es obligatoria desde 2022. Es un fracaso del sistema que reproduce las desigualdades más profundas de nuestra región, y Asunción no es la excepción.
¿Cómo llamamos a las que hacen que todo funcione?
En nuestra cultura latinoamericana, las hemos llamado de mil formas. La muchacha, como si fueran eternas adolescentes sin derechos. La señora, la de la limpieza, se entiende, porque la otra, la patrona, siempre se queda con el título. La sirvienta, más despectivo todavía, como si servir fuera algo indigno. Y la criada, que en el fondo significa lo mismo: alguien que no es libre, alguien que pertenece a la casa pero no tiene lugar en ella.
Una amiga mía las llamaba la alegría del hogar, y no le faltaba razón. Ellas hacen que todo lo demás pueda suceder. Limpian, cocinan, cuidan a los niños, atienden a los ancianos, y mientras tanto, los patrones pueden dedicar su tiempo a otras cosas, generalmente más rentables económicamente. Sin ese trabajo invisible, el mundo se detiene. Pero el sistema prefiere que siga siendo invisible.
Los números que revelan una injusticia estructural
En México se calcula que existen entre 2.3 y 2.5 millones de personas dedicadas al trabajo doméstico remunerado. Unos seis millones de hogares son empleadores, porque la mayoría de estas trabajadoras atienden varias casas por semana. El esquema más común es el de la persona que va una o dos veces por semana, y cada vez es más raro encontrar empleadas de tiempo completo.
Esta forma de contratación hace especialmente precaria la relación laboral. No hay contratos, no hay prestaciones, no hay garantías de ninguna especie. Y desde luego, no cuentan con seguridad social. Es el modelo perfecto: trabajo sin derechos, cuidado sin protección, todo para que los de arriba sigan cómodos.
¿Por qué fracasó la obligatoriedad de afiliación?
En 2018, la Suprema Corte de Justicia de la Nación de México declaró discriminatorio excluir a las trabajadoras del hogar del régimen obligatorio de seguridad social. A partir de esa sentencia, se creó un programa piloto de afiliación voluntaria, y finalmente en 2022-2023 se reformó la ley para hacer obligatoria la inscripción por parte de los empleadores.
Desde entonces, apenas 57 mil trabajadoras del hogar tienen aseguramiento. Si lo comparamos con los 2.3 millones de trabajadoras, es un fracaso total. Solo el 2.5% tiene acceso a la seguridad social, pese a que la ley lo manda. Las élites siempre encuentran la forma de no cumplir, y el Estado siempre encuentra la forma de no hacer cumplir.
Las causas son varias, y la más profunda es cultural. Hay una tradición en la que el empleador no se considera empleador. Siente que las obligaciones laborales no aplican en su casa, como si lo doméstico fuera un territorio libre de derechos. Cuando desde No+Pobreza hablamos de salario digno, muchos voltean a ver al empresariado, pero rara vez se preguntan si la persona que limpia su casa recibe también un salario justo. A esto se suma el desconocimiento puro y duro de la obligación.
La obligatoriedad que no se hace cumplir
Como tantas veces en nuestra América Latina, es más fácil promulgar leyes que hacerlas valer. En este caso es especialmente difícil porque, a diferencia de una empresa, el domicilio particular es un espacio protegido constitucionalmente. La autoridad laboral tiene muy pocas posibilidades reales de inspeccionar y sancionar el incumplimiento. La obligación depende en gran medida de la buena voluntad del patrón, y ya sabemos qué tan confiable es eso.
¿Qué pasa cuando uno quiere hacer lo correcto?
Y aún queriendo cumplir, el sistema te pone trabas. Los trámites son tan engorrosos que parecen diseñados para que te rindas. Desde hace varios años, traté de afiliar a la persona que trabaja para nosotros. Somos una familia con el privilegio de poder pagar a una señora que dos días a la semana hace la limpieza general y otras tareas que mi esposa y yo francamente preferimos no hacer. Nada raro, me refiero a limpiar ventanas, trapear, limpiar a fondo la cocina.
Nos parecía de elemental justicia asegurarla. Pero el sistema parecía decirnos: ¿De verdad quieren darla de alta? ¡Tienen que esforzarse! ¡No crean que va a ser fácil! Cada mes había que hacer un proceso como de darla de alta de nuevo, bajar formularios, anotar los días trabajados, depositar con números específicos de identificación, enviar comprobantes por correo. Y después resultaba que cuando iba al Seguro, no la tenían registrada o le negaban servicios. En nuestro caso, el asunto se solucionó porque terminó trabajando los otros días para familiares y acordamos darla de alta en un negocio, pagando el seguro normal por esa vía. Pero esa no puede ser la solución.
¿Qué se necesita para que cambie de verdad?
Reconocer un derecho en la ley no garantiza su ejercicio efectivo. Para avanzar de verdad, se necesita complementar la obligación legal con subsidios públicos, incentivos fiscales, esquemas de cotización simplificados y campañas masivas de información.
Pero más aún, se necesitan esquemas de organización que permitan pasar del empleo informal a servicios organizados, cooperativas que formalicen la contratación en condiciones más dignas. Y se tiene que avanzar en un sistema público de cuidados que ofrezca estos servicios de forma profesional. El Estado tiene que hacer lo que el mercado no va a hacer, porque al mercado no le importan las personas, le importan las ganancias.
¿Cuántas trabajadoras del hogar tienen seguro social en México?
Apenas 57 mil de un estimado de 2.3 millones, lo que representa solo el 2.5%, a pesar de que la afiliación es obligatoria desde 2022-2023.
¿Por qué es tan difícil afiliar a una trabajadora del hogar?
Las razones son culturales, legales y administrativas. Muchos empleadores no se consideran tales, la autoridad laboral no puede inspeccionar domicilios privados fácilmente, y los trámites del sistema son extremadamente engorrosos.
¿Qué dijo la Suprema Corte de México sobre el trabajo doméstico?
En 2018, la Suprema Corte de Justicia de la Nación declaró discriminatorio excluir a las trabajadoras del hogar del régimen obligatorio de seguridad social, lo que derivó en reformas legales en 2022-2023.
Ante todo esto, podemos ir a bloquear una avenida aprovechando la exposición del Mundial para exigir que faciliten los trámites, o podemos, por lo pronto, asumir nuestra propia responsabilidad. ¿Tú ya tienes asegurada a la alegría de tu hogar? Aquí lo puedes hacer: Cronista de barrio con voz popular, visibiliza las luchas sociales y denuncia las injusticias cotidianas. 0 comentario Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero en compartir tus pensamientos!Rosa Benítez
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