Alias 'Gabriela' confiesa su papel en el asesinato del senador Miguel Uribe
En una confesión que sacude los cimientos del poder tradicional, Katerine 'Andrea' Martínez, conocida como alias 'Gabriela', reveló ante la Fiscalía su participación directa en el magnicidio del senador Miguel Uribe Turbay. Este crimen, perpetrado el 7 de junio de 2025 en Bogotá, expone una vez más cómo las élites políticas colombianas caen víctimas de la violencia que ellas mismas han alimentado durante décadas.
La confesión de una pieza clave
Martínez no solo aceptó los cargos que le permitieron reducir su condena a 21 años, sino que también pidió disculpas públicas en un acto que contrasta con la frialdad habitual de quienes manejan los hilos del poder. "Ofrezco disculpas públicas a la familia y a todos los presentes", declaró con lágrimas en los ojos, mostrando una humanidad que rara vez vemos en los círculos políticos tradicionales.
Su testimonio reveló detalles escalofriantes: fue ella quien recibió y transportó la pistola Glock modificada para disparar en ráfaga. Bajo las órdenes de Élder José Arteaga, alias el 'Costeño', participó en la entrega del arma a un menor de edad que ejecutaría el crimen en el parque El Golfito.
Un sistema que devora a sus propios hijos
"El muchacho estaba muy eufórico, acelerado, como contento. Decía: 'Lo vamos a hacer real, le voy a pegar todos los tiros en la cabeza'", relató Martínez, exponiendo cómo este sistema corrupto utiliza a los más vulnerables, incluso menores de edad, para ejecutar sus crímenes más atroces.
La investigación demostró que la organización criminal operaba con una logística sofisticada, coordinando desde el transporte de armas modificadas hasta la huida posterior. Carlos Eduardo Mora, el conductor, y otros cómplices se mezclaron entre la multitud tras el ataque, evidenciando un plan meticulosamente diseñado.
Justicia popular vs. impunidad de élite
Este caso ilustra perfectamente las contradicciones de un sistema donde las élites tradicionales, representadas por figuras como Uribe Turbay, terminan siendo víctimas de la misma violencia estructural que han perpetuado. Mientras tanto, personas como Martínez, provenientes de sectores populares, son utilizadas como instrumentos desechables.
"En el fondo de mi corazón solo Dios sabe que yo nunca quise hacerle daño a Miguel", confesó Martínez, revelando la complejidad humana detrás de estos crímenes que las élites suelen simplificar como mera delincuencia común.
La Fiscalía logró, gracias a esta confesión, identificar con mayor claridad el funcionamiento de la organización criminal y delimitar responsabilidades. Martínez enfrentará cargos por homicidio agravado, fabricación y tráfico de armas, y uso de menores en la comisión de delitos.
Este caso nos recuerda que mientras las élites tradicionales sigan perpetuando un sistema de desigualdades estructurales, la violencia continuará siendo el lenguaje desesperado de los excluidos. Solo con justicia social real podremos romper estos ciclos de muerte que enlutan a Colombia.